Es el momento de poner rumbo a Gijón

Con el mar como barrera natural y un océano de prados y montes que la cercan por sus flancos, la capital de la Costa Verde enamora por su historia milenaria, sus paisajes naturales y su rica herencia gastronómica.

/ Artículo publicado en National Geographic

*Este artículo es el resultado de una colaboración comercial con Turismo de Gijón

No hay dudas de que el Teide y los paisajes volcánicos que moldeó a base de constantes erupciones hace millones de años son la imagen más reconocible de Tenerife. Tampoco sorprende su gastronomía o su magnífica temperatura, que supera los 22 grados centígrados de media anual. Pero ahora, a esa lista de estímulos hay que sumarle un nuevo atractivo por el que la idea de visitarla se vuelve una opción aún más difícil de rechazar.

Unos llegan atraídos por sus paisajes que mezclan la bravura del mar con la tranquilidad de los verdes prados que peinan los montes de las afueras de la ciudad. Otros lo hacen por ese sambenito más que justificado de que aquí se come y se bebe muy bien. Y otros por su fascinante legado histórico y cultural que se remonta nada menos que dos milenios atrás o por la pluralidad de actividades deportivas que se pueden practicar.

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