La región más salvaje de República Dominicana

La península de Samaná, una lengua de tierra de unos cincuenta kilómetros de longitud al noreste de República Dominicana, es la gran olvidada de la Hispaniola. Alejada de los grandes focos como Punta Cana o Santo Domingo, atesora una riqueza natural única. Las ballenas jorobadas, que entre los meses de enero y marzo se reúnen en la bahía de Samaná para aparearse, son el mejor ejemplo.

/ Reportaje publicado en National Geographic

El nombre de Samaná se remonta a la conquista del ‘Nuevo Mundo’ por parte de los españoles. Su origen procede de los taínos (tribu indígena de República Dominicana) y significa «lugar donde arribó el jefe cartaginés Zammna». Probablemente el paisaje no haya variado demasiado desde que el navegante español llegara a tierra por primera vez, pues Samaná sigue siendo hoy una provincia gobernada por el verde más absoluto.

La vegetación adopta todo tipo de formas: desde inmensos palmerales hasta helechos del tamaño de árboles que forman bosques húmedos, donde crecen frutos tropicales como la piña, el maracuyá, la guanábana, el coco o el cacao. Incluso en las costas más agrestes, la naturaleza se abre paso. Allí, en los acantilados, germina una especie de cactus de dimensiones notables que solo crece en ese punto del planeta. El resto lo conforman tres municipios: Sánchez, las Terrenas y Santa Bárbara, la capital de la provincia.

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