El pueblo pirenaico transformado en residencia de artistas

Geográficamente, Farrera divide, aleja y rompe con el territorio. Culturalmente, es un punto de unión, de encuentro, de creación.

/ Artículo publicado en National Geographic

En lo alto del Pirineo catalán, situado en el valle de la Coma de Burg, la creación de un refugio para artistas está ayudando a revitalizar un territorio destinado a la despoblación. A mediados de los ochenta, Bernard Loughlin, fundador de un retiro creativo en el condado de Co Monaghan -norte de Irlanda- debió pensar que un sitio como aquel, rodeado de vegetación exuberante y aislado prácticamente de cualquier indicio de humanidad, era el lugar perfecto para desconectar y dar rienda suelta a la imaginación artística. Así nace el ‘Centre d’Art i Natura’ (CAN) de Farrera.

Todo comienza diez años antes, allá por 1975. En ese momento empiezan a surgir varios movimientos por Europa que tienen como objetivo huir de las grandes urbes y volver a lo esencial, a estar en contacto con la naturaleza, a tomar de nuevo los pueblos.

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