Los útlimos pastores de Aralar

Durante seis meses al año, Joxé Mari y Luis pasan sus días cuidando de su rebaño en lo alto de la montaña navarra. Un modo de vida en vías de extinción que resiste gracias, en parte, a los viajeros que visitan su borda.

/ Reportaje publicado en National Geographic

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Cuando su padre murió, Joxé Mari tenía nueve años. Para entonces, ya conocía bien lo que significaba la vida en el campo: cuidar del ganado, sobrevivir al frío, la lluvia, la soledad. Tras el fallecimiento, él y sus otros tres hermanos pequeños se trasladaron a casa de Patxi, un pastor de la zona que los adoptó como si fuesen sus propios hijos. Les dio todo lo que necesitaban. Un techo, compañía, educación, comida, ropa y sobre todo, un oficio. Se comportó como un padre. Al menos así lo recuerda Joxé Mari mientras sostiene la única fotografía que cuelga de la humilde borda donde vive. “Este año cumpliría ciento diez” recuerda a Viajes National Geographic.

Al cabo de un tiempo, sus dos hermanos más pequeños decidieron que aquella vida alejada de todo y todos no era para ellos y se marcharon a los valles y pueblos de alrededor en busca de otras maneras de vivir, mientras que Luís -seis años más joven que él- tomó el mismo rumbo que Joxé Mari. Más de sesenta años después, siguen juntos manteniendo viva una tradición que parece destinada a la desaparición, pues en la actualidad, ellos son los últimos dos pastores que viven en la Sierra de Aralar.

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